martes, 7 de febrero de 2012

Caricias en tu espalda

Laura se despertó con los rayos del sol. Los rayos que entraban por los agujeros de la persiana a medio cerrar. Anoche, cuando se fue a dormir, su pensamiento no estaba precisamente en la persiana. Y precisamente los rayos del sol entrando por la ventana le recordaron la noche de ayer.

Cuando llegó a casa, algo raro estaba pasando. La habitación estaba iluminada por velas y había un olor especial al entrar. Ella supuso que se había vuelto a ir la luz, no sería la primera vez que tenían que vivir a oscuras durante horas, tenía la casa llena de velas porque es de las que piensan que vale más prevenir que curar. Pablo iba a trabajar media hora antes de que ella volviese, probablemente hubiera dejado las velas puestas al marcharse.

Pablo trabajaba hoy, o eso creía ella hasta que lo vio ir de un lado para otro mirando el reloj, sin darse cuenta de que ella había entrado. Se recibieron con un beso y por encima de su hombro, Laura vi la mesa puesta, con su cena favorita, una carta junto a un jarrón de flores y una sonrisa en la cara de Pablo, que inmediatamente después se transmitía a la suya.

En el sobre había una fecha, 7 de Febrero. Ahora todo encajaba, ¡era su aniversario...! y ella, que siempre se quejaba de que Pablo no era romántico, había olvidado su propio aniversario. Desde luego, abrir su propia empresa le estaba costando perder muchas horas de vida social, pero de lo que no se había dado cuenta es que también había perdido el rumbo del tiempo. No sabía ni el dia ni el mes en el que vivía.

Cuatro meses habían pasado desde que abrió su propio buffete y desde entonces no se había permitido tener una noche libre, ni cenar a solas con Pablo. Esa noche dejó a un lado el trabajo pendiente y volvió a ser ella, una chica de 27 años que cena a solas con su novio de adolescencia. Tuvo de nuevo 17 años y recorrió cada parte de su cuerpo como si fuera la primera vez, como si no la hubiera visto nunca, como si él nunca hubiera acariciado y besado cada poro de su cuerpo.

Esa mañana, con los rayos del sol iluminando la cara de Pablo, decidió darse más tiempo, ir más despacio y redescubrirse a ella misma, a Pablo y al sol que entraba por la ventana. Hacía mucho tiempo que no los disfrutaba y hoy .... hoy el buffete podía esperar.

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