martes, 1 de noviembre de 2011

Él

Se quitó las gafas y se sentó a mi lado.

Una copa en la mano y la excusa perfecta para empezar a hablar. Me enseñó que los sueños se rompen, pero que podíamos construir unos nuevos. Me enseñó que tras la tormenta siempre llega la calma, que era hora de empezar de nuevo, que tenía que sonreír.

Y sin darme cuenta, en sus ojos vi mi sonrisa, en su copa mil historias, en sus manos mil caricias y en sus labios un millón de besos.

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